No tenemos tiempo para la Calidad

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No tenemos tiempo para la Calidad

Cuando en el mundo occidental escuchamos hablar del concepto “Calidad” dentro de una organización, resulta una práctica común y un valor casi entendido que esto significa algo adicional al trabajo diario. A la Calidad se le suele entonces asociar con una especie de “devorador” de tiempo, que ha llegado para burocratizar los procesos, delatar los errores de las personas y desperdiciar el escaso presupuesto.

Se trata de una creencia tan arraigada que los pretextos para evadirla se encuentran irónicamente “estandarizados” en prácticamente cualquier organización que se inicia en estos pasos. La experiencia nos enseña que sin importar el giro de la empresa, el lugar geográfico o el rango de autoridad de quien lo exprese, la justificación por excelencia y más popular es: “No tenemos tiempo para eso…”

Y efectivamente, en un ejercicio de observación del ir y venir de las personas durante sus labores diarias resulta sencillo comprobar que se encuentran tan saturados en su tiempo que difícilmente podría encontrarse un minuto disponible para nada más.

Pero es precisamente en este punto donde se halla la raíz de esta inconsistencia. Si bien las personas pueden no tener tiempo de atender asuntos relacionados con el “tedioso” concepto de la Calidad, siempre se pueden hacer el tiempo para resolver problemas causados por un trabajo realizado en un entorno de No Calidad.

La calidad en realidad forma parte de un buen trabajo, está intrínseca en él y no se trata de algo adicional o ajeno a las actividades cotidianas.

Por el contrario, un tiempo dedicado a la planeación de un proceso eficiente, que cumpla con los requisitos y expectativas del cliente, y que se encuentre alineado a los objetivos de la organización, debe ser visto como una pequeña inversión que muy pronto puede manifestarse en el logro de resultados y en la optimización de recursos (entre ellos por supuesto, el tan preciado tiempo) que ya no se tendrá que malgastar en retrabajar todo lo que se ha hecho mal.

Bajo este enfoque, la Calidad se convierte en un apoyo, un aliado, un amigo, cuya intención lejos de entorpecer nuestro trabajo, es facilitarlo y volverlo más productivo.

Con este simple cambio de perspectiva, una organización puede comenzar a andar en el camino de la calidad, la productividad y la competitividad, conceptos vitales para subsistir y destacar en un entorno de alta competencia y clientes cada vez más exigentes.

Por lo tanto, siempre debe haber el tiempo destinado para calidad. Siempre debe haber el tiempo para hallar la forma de operar más inteligentemente.

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